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CARTA A COMISIÓN NACIONAL DE TELEVISIÓN SOBRE LA SERIE LA POLA

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ÓRGANO DE LA ACADEMIA COLOMBIANA DE HISTORIA.
“CARTA A COMISIÓN NACIONAL DE TELEVISIÓN SOBRE LA SERIE LA POLA”
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGUEDADES
Vol. XCVIII - N° 852- Año 2011
PAG. 198-201
ISSN 0006-6303

 

Bogotá D.C. 4 de octubre de 2010

Doctora

MARÍA MERCEDES TURBAY MARULANDA

Asesora II Oficina de Contenidos y Defensoría del Televidente

Comisión Nacional de Televisión.

La Ciudad

Estimada doctora:

Ha llegado a mis manos una carta dirigida a un grupo de personas, entre las cuales figuran algunos historiadores, en relación con una comunicación enviada por ellos a la Comisión Nacional de Televisión. No obstante, ella no representa la posición oficial de la Academia Colombiana de Historia, la cual estatutariamente se expresa sólo por medio de su presidente.

Compartimos su apreciación en el sentido de respetar en todo momento la libertad de expresión consagrada en la Constitución colombiana y en la Ley 182 de 1995. Lo que no puede interpretarse en el sentido de que está Academia no tenga el derecho de réplica y de crítica cuando se presenta alguna tergiversación de la verdad histórica.

Para su información, el suscrito constituyó una comisión de académicos con el fin de que rindieran un concepto sobre la serie La Pola en televisión, y su contenido es el siguiente:

Pronunciamiento sobre la serie La Pola en televisión

“Con ocasión de cumplirse el bicentenario del grito de Independencia se han desarrollado diversos eventos, entre los cuales se encuentran programas de televisión emitidos por las distintas cadenas  oficiales y privadas. Entre ellos se encuentra la serie relacionada con la heroína de Guaduas, Policarpa Salavarrieta, uno de los personajes de la historia de Colombia sobre los cuales se ha escrito más obras teatrales, poemas y textos narrativos entre las figuras destacadas de los tiempos de la independencia.

Una prestigiosa cadena de televisión está emitiendo en la actualidad una serie, en forma de telenovela, titula La Pola, sobre la cual advierte en los créditos iniciales que no se trata de una obra histórica, sino una de ficción. Sin embargo, los personajes, en su gran mayoría, hacen parte del cuadro de figuras más destacadas de los albores de nuestra independencia y primeros pasos en la construcción de la nación.

Cabe anotar que en la dirección del programa, la fotografía y la escogencia de escenarios naturales, se observan grandes aciertos. La experiencia de Sergio Cabrera como director cinematográfico y los distintos trabajos que ha realizado en Colombia y en España son prueba de su idoneidad y capacidad artística. En el caso presente, el problema se presenta en los libretos y en la forma como aparecen en ellos algunas figuras destacadas de la historia nacional. No se trata de personajes novelescos, sobre los cuales se hubieran podido inventar los dramas y conflictos más tortuosos y pasionales, sino de personajes históricos que vivieron y padecieron los momentos más arduos de la lucha por la libertad y la fundación de la nación. Por lo tanto, el relato de sus vidas y hechos debe ajustarse a la verdad y a los hechos demostrables, cualquiera que sea el punto de vista desde el cual se los quiera mostrar. En este caso, se han tejido toda clase de errores, inexactitudes y graves acusaciones que desfiguran la verdad de las situaciones presentadas, tal y como lo atestiguan las investigaciones históricas, testimonios, cartas, biografías y demás fuentes que constituyen el patrimonio de la memoria histórica del país.

En esta novela y quizá con el propósito de incrementar la sintonía, se han utilizado las técnicas del melodrama, con sus consecuentes conflictos emocionales, traiciones, amores ilícitos, imposiciones arbitrarias y demás recursos del género, mezclando fechas, hechos y personajes con equívocos y falsedades, que van desde aspectos cronológicos, hasta errores muy graves y que no tienen un verdadero sustento histórico, como ocurre con la situación planteada entre el Precursor Antonio Nariño, su esposa – doña Magdalena Ortega- y Jorge Tadeo Lozano.

La fuente de este error parte de la visión de un retrato, atribuido a doña Magdalena Ortega, que durante cerca de doscientos años había permanecido  en las galerías de un museo sin que nadie hubiera visto nada extraño ni dado lugar a ninguna clase de suspicacias, hasta el momento en que se le hizo una intervención para la mejor conservación de la obra y se descubrió que sobre el pecho de la mujer representada se había pintado una especie de pañolón que no pertenecía a la pintura original. Al borrar este elemento agregado se descubrió que la dama llevaba en el pecho un medallón con la imagen de Jorge Tadeo Lozano, que demostraba a las claras que no se trataba de doña Magdalena Ortega, sino de alguna sobrina o familiar de Lozano.

A partir de este retrato, una historiadora concibió una atrevida hipótesis sobre la posible relación de Jorge Tadeo Lozano con la esposa de Nariño, en los tiempos en que éste se hallaba en prisión, tras la publicación de los Derechos del Hombre en 1794. De acuerdo con esta suposición, algunos de los hijos de Nariño serían en realidad de Jorge Tadeo Lozano, por lo cual, según esta versión, se generó una grave disputa entre ambos, que habían sido grandes amigos antes de que Nariño fuera arrestado.

La publicación del libro de Carmen Ortega sobre este tema generó una inmediata polémica y toda clase de desmentidos. Sin duda era inconcebible que una mujer como doña Magdalena  hubiera aparecido en un retrato con la imagen de su amante en un medallón. El ambiente cerrado y puritano de la época no lo hubiera permitido. Pero por otra parte, en ningún documento de la época, ni en los estudios e investigaciones posteriores, aparece el más leve indicio de esta suposición, lo cual es significativo en una ciudad de ambiente aldeano en la cual los chismes y noticias sobre picardías de toda clase no dejaban de hacer parte en los correveidiles que se formaban en las tertulias o en los encuentros de las gentes en el altozano de la catedral.

Esta historia de oscura picaresca relacionada con Nariño y su familia ha quedado claramente desmentida por numerosos escritos, libros e intervenciones públicas, pero sobre todo, por la totalidad de biografías que se han escrito sobre la vida y milagros del Precursor, desde que escribiera doña Soledad Acosta de Samper, hasta los concienzudos trabajos de investigación documental de Guillermo Hernández de Alba o la meticulosa biografía más reciente escrita por Enrique Santos Molano, y que completa un trabajo de toda una vida sobre la vida y obra de Nariño.

Es lamentable ver cómo, a pesar de existir tantos documentos, testimonios y biografías sobre Nariño, para la escritura de los libretos de la telenovela se ha utilizado tan solo una hipótesis ampliamente desmentida, pues no corresponde a la verdad de los hechos. En la versión televisiva, por otra parte, se han exagerado las tensiones entre estos personajes en diálogos concebidos con una extrema virulencia verbal que está muy lejos de corresponder a la índole de los personajes tratados. En cuanto a las diferencias entre Nariño y Jorge Tadeo Lozano, éstas existieron, en efecto, pero por razones políticas, después del 20 de julio. Cuando el Precursor regresó de la prisión de Cartagena y se incorporó a la vida política adoptó una posición centralista, mientras que Lozano se unió a las fuerzas del federalismo y al Congreso de las Provincias Unidas que presidía Camilo Torres.

Existen, por lo tanto, toda clase de razones históricas, ceñidas a las fuentes documentales y a los hechos, que han sido tergiversadas y convertidas en un melodrama que falsea los hechos y denigra de los personajes más emblemáticos de nuestra historia. Esta situación es especialmente grave, por cuanto muchos maestros, en los colegios, han puesto como tarea a sus alumnos el ver la serie para aprender la historia de Colombia.

Si bien la Academia defiende la libertad de expresión, como uno de los valores esenciales de un Estado democrático, asume también el derecho de réplica y de crítica en un caso en el que se presenta una preocupante tergiversación de la verdad y el respeto a las fuentes, que son la base del patrimonio histórico nacional. La Academia también quiere señalar la falta de rigor y el descuido de la asesoría histórica, con cuya complicidad o anuencia fueron elaborados los libretos en los que se presentan tan graves errores e inexactitudes”.

Sin otro particular me suscribo de usted muy cordialmente

ENRIQUE GAVIRIA LIÉVANO

Presidente

Consecutivo presidencia

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