Hoy día es inaudito hablar de formación integral teniendo solo como referencia la vida que se despliega en el marco de la institución escolar, máxime cuando se acepta en forma amplia que la educación comprende espiritualidad, ética, cognición, artística, motricidad y, en general, toda clase de aptitudes para compenetrarse con un mundo cada vez más dinámico, tecnologizado, complejo, competitivo, caótico y en permanente conflicto. El hacer cotidiano de la institución educativa, entonces, se fortalece y encuentra su real puerto de llegada, cuando se contextualiza o se incrusta en las expectativas específicas de la comunidad de padres y madres de familia a la que se debe. En otras palabras, la escuela y la familia constituyen dos círculos concéntricos que comparten un eje central: el proyecto comunitario de vida y la formación de los individuos para ello.
En este contexto, es pertinente toda discusión que se dé alrededor del protagonismo que corresponde a la familia, en punto a la construcción concertada de un modelo educativo municipal, que permita un entramado social congruente con las demandas culturales, cognoscitivas y económicas de la región. En estas condiciones, y solo en éstas, podrá hablarse de un currículo pertinente, de una formación incluyente y de un hacer educativo democratizado. Es lo que podría denominarse de manera genérica la hermandad social de la escuela y la familia para la transformación vital del entorno municipal y regional.
Al frente de estos retos trascendentales se han puesto los educadores de San Luis, y para el efecto han organizado un foro, con participación de la comunidad, con sus líderes institucionales más representativos, como: el cura párroco, el secretario de gobierno, el secretario de educación, la presidenta del Concejo, rectores de varias instituciones, madres cabeza-de familia, académicos de la zona y funcionarios de la administración departamental, cuya misión básica consiste en fomentar la solidaridad entre ambas instituciones, escuela y familia, y auspiciar los proyectos viables que surjan de ellas. Así por ejemplo, tendrá que abordarse el cuidado del medio ambiente de San Luis, que ahora no es tema exclusivo del área de ciencias naturales, sino asunto de supervivencia de la comunidad sanluisana toda, dado el alto riesgo de vulnerabilidad ecológica en que se encuentra el municipio.
Al respecto tendrán que encararse situaciones críticas como las que plantea la Secretaría de las Naciones Unidas, que afirmó para la Convención Internacional contra la Desertificación: “Al año 120 mil hectáreas de tierra fértil se convierten en desierto”. De hecho muchas de estas hectáreas pertenecen a San Luis -y se pronostica que para el año 2030 el municipio puede transformarse en un desierto-; y la comunidad sanluisana, de no adoptar medidas radicales desde ahora, verá desaparecer de su himno municipal versos tan cálidos y ambientalistas como: “Llanuras y cordilleras/ forman vuestra tierra grata/ donde ríos serpentean/ como cordones de plata/”.
Y más triste aún, que por desidia desaparezca de la faz de la Tierra un suelo verdosamente privilegiado, como lo declara el autor de dicho himno, Oliverio Botero Quintero: “Tus riquezas naturales/ se extienden de norte a sur/ y por todos los confines/ de tu selva verde-azul/”.
Hubo cuatro ponencias para este foro educativo: la primera “Transformación de las Instituciones Educativas” a cargo de Luis Fernando Arias Loaiza, de la Universidad Católica de Oriente; luego “Transformación del proceso de enseñanza-aprendizaje” por Dora Velásquez Orrego, en representación de la Secretaría de Educación para la Cultura de Antioquia; siguió “Relación de la Educación con la transformación de la familia y la sociedad” por Eugenio Antonio Toro Cosme, secretario de educación de San Luis, y finalmente, “¿Cómo desarrollar un modelo pedagógico pertinente con la realidad escolar?” por Astrid Elena Pineda Muriel, quien colabora con los programas educativos de la Fundación Argos.
Todas etas ponencias tenían la misión de sentar principios mediante los cuales las familias encuentren un campo de acción expedito en los destinos de la institución educativa, y ésta a su vez, indique rutas prospectivas para el desarrollo social de la comunidad. En este orden de ideas, Dora Velásquez recalcó sobre tres o cuatro axiomas de la esencia del quehacer pedagógico y social de la escuela: la calidad educativa permite reconocer la institución; si el proceso de formación es integral, entonces habrá apropiación por parte de los estudiantes del saber y del saber hacer, según los valores aceptados por la cultura académica; hay que admitir que la escuela es demandada por los miembros de la comunidad educativa desde el nacimiento hasta el cementerio, en todos los terrenos y tiempos; por último, la calidad es una cuestión de negociación, de consenso hermanado entre las partes implicadas en la acción educativa.
Lo más impactante de un evento académico municipal es que el cuerpo doctrinal que se expone haya pasado por los filtros de la cotidianidad local, como en efecto ocurre en San Luis con la mesa de trabajo “Formando en Familia”, la cual viene integrando a la comunidad rural de las veredas La Cuba, Buenos Aires, Barro Blanco, La Palestina y otras, con la finalidad de desarrollar los componentes académico, lúdico-recreativo, cultural y de convivencia -a través de sancochos comunitarios- para hacer coincidir la vida de los campesinos con los propósitos formativos que se impulsan desde la escuela.
Las fotografías que exhibieron los promotores del proyecto sobre estas actividades de lúdica social, dejan ver con toda claridad y espontaneidad la alegría de los comensales, el espíritu general de fiesta de madres y niños y, sobre todo, el cálido ambiente de diálogo que se respira en todos los participantes. De esta manera hacen realidad que la escuela no es un edificio sino un modo de vida, que la educación no depende solamente del maestro y que ésta, además, no discrimina por sexos, como sucedía en el siglo XIX, donde imperaba la masculinidad, según lo expuso Dora Velásquez Orrego en su presentación ante un auditorio entusiasta, en el que niños y niñas de brazos abrían sus ojos con asombro al escuchar la palabra refrigerio, y quizá presintiendo el mundo de interrogantes azarosos que los espera.
Para salir al refrigerio, un conjunto de jóvenes vigorosos, admiradores de la profesora de filosofía y del profesor de física, vestidos de negro, amenizó la sesión con sus notas musicales de ritmo pop. Es de resaltar la sobriedad, el tono, la elegancia, la ductilidad en la voz y la armonía en la actuación de una niña de la familia García-Bohórquez, que hace honor a la Institución Educativa San Luis, a sus parientes y al municipio. Y faltaba una sorpresa: cortar las cintas tricolores para inaugurar dos salas de cómputo. Una de ellas compuesta por 25 computadores con todos sus accesorios, prometida y donada por el Ministerio de Comunicaciones durante el Consejo Comunitario que se llevó a cabo en el municipio; la otra, de 20 computadores, auspiciada por la Secretaría de Educación para la Cultura de Antioquia, y con la cual se refuerza una de las políticas clave de esta administración en materia de conectividad. Dora Velásquez empuñó las tijeras con la misma emoción con que una niña de guardería ejecuta su primera tarea de “recortado”, trozó las cintas y se amplió el mundo para la comunidad educativa del municipio de San Luis. En conclusión: todo foro educativo trae su novedad; y para quien quiere escuchar, sus enseñanzas.







